AGRICULTURA

 

 

TEMAS DISPONIBLES:

* Trabajos agrícolas

* La Vid, la vendimia

* Los cultivos en los huertos

* El carro de las vacas

* Arreos de las caballerías

* ( . . . se irá ampliando . . . )

 

 

 

Trabajos agrícolas:

 

Los agricultores como es normal en su tarea para recoger, es preciso sembrar y por eso en la temporada de invierno preparan el terreno y siembran a su debido tiempo para después recoger el fruto de sus sudores, que es esperado con agradecimiento y no sin grandes esfuerzos físicos.

 

En aquellos tiempos se labraba la tierra con una pareja de machos o vacas. La primera labor que se hacía en las tierras se llamaba alzar, y se llevaba a cabo a partir del veinte de marzo.

 

Después de la alza, se procedía a la bina. Consistía esta segunda labor en dar otra vuelta a las tierras, y había que madrugar mucho, a las dos o las tres de la mañana y, después de cuidar a los machos, se salía hacia el trabajo a las cuatro o las cinco, dependiendo de la mayor o menor lejanía del paraje al que debíamos ir a binar.

Se trabajaba hora tras hora hasta la una del mediodía, dejándolo sólo para almorzar y para echar algún trago de vino. Por la tarde no se solía binar, pues, por una parte, había que dejar descansar a los machos de la dura labor de la mañana y, por otra, se aprovechaban para hacer otras tareas.

 

La siega se empezaba algunos años también por San Juan. Se comenzaba por la cebada.

Si venía la cosecha de cebada algo temprana, se dejaba de segar durante una semana hasta que el centeno y el trigo estaban bien granados. Después ya no se dejaba esta tarea hasta acabarla por completo. Se segaba de cinco de la mañana a once de la noche y muchos días se comía en el campo a la sombra de alguna encina, o bien en algún corral de ovejas si éstos quedaban cerca.

Se segaba a hoz y participaba toda la familia. Sólo los niños más pequeños se quedaban en el pueblo con alguna abuela.

Se iban cogiendo manojos de mies con la mano izquierda. Estos manojos se depositaban después en el suelo para ir formando el haz, que se ataba con un atadero de paja de centeno del año anterior. Cuando se habían hecho ya bastantes haces, se colocaban en las lindes de la tierra unos encima de otros, dejándolos allí hasta que comenzaba el acarreo.

 

Si duro era el segar, lo era todavía más el acarrear. Se acarreaba generalmente con carro, aunque a veces también se empleaba algún burro o macho. Había que mover cada uno de los haces como mínimo cuatro veces hasta que quedaba apilado en la hacina de la era.

A continuación venía la trilla. Por la mañana, de nueve a diez, se echaba la parva. Consistía este trabajo en tirar los haces de la hacina hasta cubrir toda la era. Generalmente se empleaban entre diez y doce cargas, es decir, un total de ciento veinte o ciento cuarenta haces. Después se extendían con una horca de dos o cuatro dedos. Seguidamente se enganchaban los machos al trillo, y... ¡a dar vueltas todo el santo día por la era!  El trillo era de madera bastante fuerte, de metro y medio de lago por metro treinta de ancho, aunque los había también un poco más grandes y un poco más pequeños. Llevaban los trillos muchas piedras clavadas en la madera y, la mayoría, también  unas sierras y cuatro ruedecillas. El misterio de estas ruedas pequeñas era que, si se salía el trillo de la parva en un descuido, no pegasen las piedras en el suelo.

Cada hora y media se solía tornar la parva, pues, al ahuecarla, el trillo molía más y mejor. Para ello se utilizaban las horcas anteriormente mencionadas.

Por la tarde se colocaban unas tornadoras en el trillo. Eran unas barras de hierro curvadas y acopladas a unos enganches que llevaba el trillo en la parte de atrás. Las tornadoras llevaban una ruedecilla en la parte de abajo con el fin de que no se rayase la era. Aquellos que no tenían tornadoras, lo hacían con unas palas de madera de una sola pieza.

Al ponerse el sol, o cuando estaba molida la parva, se recogía con una rastra. La rastra era una tabla acoplada a un timón o simplemente un palo ancho agarrado con una soga a uno y otro lado y enganchado al ubio. Encima de la rastra o palo se colocaban de pie dos o tres personas para hacer peso y poder recoger la parva lo más rápido posible. Otras personas iban detrás con rastros y rastrillos hasta que la era quedaba bien limpia y la parva amontonada en el centro.

El rastro era una tabla de unos cuarenta o cincuenta centímetros de ancha por veinte de alta, con un agujero en el medio para colocar un mango de metro y medio de largo.

La parva se amontonaba todo los mejor posible para que, si llovía, no se calase el grano.

A continuación venía el beldar o abeldar. Esto se hacía bien con máquina o, el que no la tenía, con bieldo de madera de cinco o seis gajos. En el primer caso había que esperar a cuando haría aire. Beldar con máquina también suponía un trabajo duro, pero no se dependía de si soplaba aire o no. Se necesitaban como mínimo tres personas: una para dar a la manivela de la máquina; otro para ir echando la mies; y un tercero para retirar la paja, el grano y las granzas. Cada una de estas tres cosas hacía ella misma su apartamiento.

 

A continuación había que cribar el grano. Para ello se cambiaban las cribas de la máquina por otras de red más estrecha para dejarlo lo más limpio posible. Después se cogía una media de madera con su tasa correspondiente -quiero decir que tenían que caber los 21'750 kilos- y se iban llenando los sacos.

Hay que admirar lo valientes y fuertes que eran nuestros antepasados, pues echaban cinco medias en cada saco o talega -que eran de lana de oveja hilada a mano y solían pesar entre 108 y 110 kilos- y después se las cargaban al hombro para colocarlas en los carros o subirlas a las cámaras de las casas.

El trabajo de las eras era muy cansado, de modo que quien más y quien menos estaba deseando que llegase el día de trillar las granzas. No faltará quién se pregunte qué son las granzas. Pues bien, las granzas eran el cereal que salía por uno  de los tres departamentos de la máquina abeldadora (los otros dos eran: uno el de la paja y otro el del grano) y consistía en una mezcla de cereal con alguna pequeña piedra, trozos de espiga mal trillados y troncos u hojas de plantas o hierbas secas.

Cuando las granzas se beldaban a mano, eran las mujeres las que se encargaban de cribarlas.

Con las granzas, algunas aristas de alubia y cuatro berzas, se alimentaban las ovejas durante todo el invierno.  Después se barría la era, y listo.

 

Ahora han cambiado mucho las cosas. La tecnología ha adelantado. Antes, en Bercianos lo agricultores tenían pequeñas propiedades y se pasaban más de dos meses todas las familias liadas para recoger la cosecha. Este trabajo lo hace en la actualidad una cosechadora en dos horas y media.

 


 

El trabajo en las eras:

 

Primero se barría la era y se preparaba para cuando se trajeran los haces. Después se "acarriaban" los haces con el carro y se traían desde las tierras hasta las eras. Luego se hacían las hacinas, que eran los montones donde se colocaban los haces y, por último, se trillaba.

 

Para trillar se empezaba por echar la parva, que consistía en desatar los haces y echarlos extendidos por toda la era. Luego se enganchaban los machos al trillo y... ¡a trillar!. Y después se tornaba con la horca para dar la vuelta a la parva y que todo quedase bien trillado.

 

Mas tarde llegó la "segadora" que fue un adelanto enorme aunque había que trabajar mucho a mano, y posteriormente en la actualidad con cosechadoras, que todos sabemos cómo trabajan y con qué precisión.

Parecidos procesos se realizaban en la siembra; a mano y con animales; tractores para siembra y su preparación.

 

Al mediodía se volvía a renovar la parva y más tarde se tornaba con la pala. Por la tarde se recogía todo con los rastros y con una rastra que se enganchaba a los machos. El montón de paja y grano se hacía con bieldas y bieldos y se dejaba en medio de la era. Al día siguiente se volvía a echar otra parva, y así todos los días hasta que se acababa.

La era se barría con una escoba de las que se llamaban "ahujeras". Se cogían ramas de esta planta que se encontraba en el campo, se ataban y con eso se hacían las escobas.

Las eras la barrían las mujeres. Cogían una hoz, cortaban los cardos, y luego barrían la era con las escobas.

Los haces se descargaban del carro y se echaban al suelo.

 

También había que beldar (limpiar) y poner la paja a un lado y el grano a otro. Las granzas se colocaban al otro costado. Y, entonces, los hombres... ¡, a la máquina de beldar. Aunque también se beldaba a bieldo cuando no se tenía máquina.

Después había que llevar la paja a los pajares. Se llenaban los carros de paja y se descargaban al lado del pajar. En el pajar había una "boquerón" y se metía la paja con los bieldos.

Para llevar la paja había quien ponía unas redes: una red adelante y otra atrás. Estas redes hacían como una especie de bolsas y así se podía llevar más paja a un mismo tiempo.

Trillaban igual los hombres que las mujeres, y también lo hacían los chicos.

El trillo es como una tabla grande de madera. Lleva un enganche adelante, en el cabezal, y ahí se enganchaban los machos ó vacas y... ¡a dar vueltas!. Se ponía un "asiento" dentro del trillo, para estar más cómodos.

A veces arrollaba el trillo. Esto era cuando cogía la paja entre las piedras de la era y las sierras del trillo y lo iba recogiendo todo. Se ve que había algún nudo entre las pajas y el trillo "empezaba" a arrollar.

A la era se llevaba el "botijo" y el porrón. Se almorzaba allí y luego se echaba un trago de agua o de vino de cuando en cuando. Para almorzar... se llevaba lo que hubiera: a veces un poco de cebolla y un cacho de pan. Para la merienda se comía cebolla, pimiento y pepino, es decir, de lo que daban los huertos. El que no tenía, pues los compraba; entonces se compraban por docenas los pimientos y los pepinos; y las cebollas por horcas.

Mientras se trillaba, se venía a comer a casa, porque tenían que descansar los animales.

Por la tarde se volvían a uncir los machos y se terminaba de trillar la parva. Después de merendar se recogía la parva con un palo largo que se llamaba rastra. Después se recogía lo que quedaba con unos rastros y se amontonaba todo.

El ciclo termina y solo queda llevar el grano a las casas y la paja al pajar que servirá de forraje y cama para los animales durante el invierno.

 


 

La siega:

 

Se empezaba a segar cuando los trigos estaban secos, más o menos por el día de San Juan o San Pedro.

Se llevaba una especie de guante pequeño de madera en la mano izquierda, metiendo los tres dedos más pequeños y dejando fuera el dedo gordo y el siguiente para poder coger la manada de espigas que se cortaba con la hoz.

Para segar se necesitaba también una hoz, que era una cosa curvada con corte para segar las espigas y llevaba un mango de madera por donde se cogía, generalmente con la mano derecha, a no ser que se fuera zurdo.

 

Se llegaba a la tierra y se hacían los ataderos de las moragas de centeno que se habían guardado el año anterior. Se cogían dos manojos pequeños de centeno y se ponían uno hacia cada lado, con las espigas juntándose; se hacía un nudo por debajo de la espiga y se ataba. Se iban dejando a un lado y luego servían para atar las gavillas y hacer los haces.

Después se cogía un surco cada uno de los segadores y se iba segando hasta que se acababa la tierra. Se iban haciendo gavillas, que eran un brazado del cereal que se estuviera segando, y con tres gavillas se hacía un haz y se ataba con el atadero. Los haces se iban echando a un lado para recogerlos después.

Para hacer las morenas se juntaban los haces y se iban poniendo unos encima de otros haciendo cuatro o seis filas. En la fila de tocando al suelo se ponían más haces, y luego se iban poniendo cada vez menos en las filas de arriba; de esa manera no se caían los haces. En cada tierra se hacían tres o cuatro morenas (mostelas) y a veces más, según las cargas que hubiera, y se dejaban allí hasta que se iba a acarrear.

Iba toda la familia a segar: lo mismo iban los hombres que los chicos, y también las mujeres. Si la mujer se quedaba en casa, se solía venir a comer al pueblo; y si iba a segar, se llevaba la comida al campo y se comía allí. Pero generalmente eran las abuelas las que se quedaban en casa y hacían la comida y cuidaban los chicos de toda la familia, es decir, de todos los nietos que tuvieran. A veces alguna abuela se quedaba al cuidado de 12 o 15 chicos pequeños.

A segar se iba muy pronto, a veces a las cinco o las seis de la mañana, y sólo se descansaba una hora o así para almorzar. Luego se comía a la una del mediodía. Si se comía en la tierra, se solían llevar unas sopas de ajo o recocidas y un torresno” o un trozo de chorizo: lo que hubiera en casa. En aquellos tiempos se tenía poco. El que tenía chorizo, llevaba chorizo, y el que no, pues tocino rancio.

A segar se iba andando o en caballerías. Primero se segaban las cebadas; después, creo que los trigos, centenos y lo último las avenas.  

En las alforjas se llevaba la comida y una bota de vino, o un botijo de agua. El botijo era como un cantarito pequeño, con una boca estrecha y un asa. La boca se tapaba con un tapón para que no se "vaciara” el agua.

Cuando se acababa la siega, se empezaba a acarrear y se traían los haces a la era con los carros.  

 


 

La vid :

 

Una vez nacidas las cepas, éstas requerían las labores que a continuación se detallan.

Se podaban en marzo con tijera o podona, dejando una rama con dos yemas, y se volvían a tapar con tierra hasta los tres años, cavándolas con azadón de corte.

A medida que se iba desarrollando la planta, se tenía que cavar con una azada alrededor de la planta, llegando hasta por debajo del injerto con tal de limpiar las raíces que echaba. A continuación se podaban dejando en la planta tres o cuatro pulgares con dos yemas cada uno. Ésta era la labor que se hacía hasta que la vid tenía nueve años.

Llegada la cepa a los nueve años, se cavaba en mayo con azadón de ganchos, y a últimos de junio se alumbraba con el mismo utensilio.

 

Por los años cincuenta ya se trabajaba la vid con arado viñedo, al que se ponían unas varas para meter un mulo, y también se labraba con arado de vertedera, con una pareja de mulos emparejados a un yugo.

Por los años ochenta desaparecieron los mulos y comenzaron a emplearse las herbicidas, que dan un buen resultado.

Cuando tiene la planta unos treinta cms se le echa la herbicida. Cuando está el fruto a medio madurar, se emplea el azufre pulverizado, que se echa con mochila o con fuelle.

La recolección de la uva se hace en el mes de octubre, según venga la madurez de la vid. Se va cogiendo y echando en unos cunachos o cestas y después se pone en los cestos que se llevan al lagar.

El lagar tiene dos pilas: una donde se prensa la uva y otra donde cae el vino. Una viga de olmo sirve para prensar la uva; por la parte de la culata va sujeta entre cuatro postes escuadrados, en posición horizontal, con sus travesaños por arriba, que sostienen un cargadero de piedra. En el hueco de los cuatro postes se ponen unas espadillas, y un taco por encima de la viga para sujetarla si es necesario. Por la parte de "alante" lleva un trozo del poste escuadrado sujeto a la viga, que recibe el nombre de hembra, y que es como una tuerca donde se introduce el husillo. Éste va sujeto con dos barras de hierro y sus tuercas y con unos trozos de soga amarrada. Por la parte de abajo, el husillo va sujeto a un pilón de piedra por los lados redondos que pegan en el suelo. El husillo lleva por debajo del torno un barreno donde se introduce una barra de hierro o de madera que sirve para dar vueltas y levantar la piedra.

 

Al empezar la vendimia, se hace la limpieza de las pilas y carrales, ajustan  y preparan los tablones donde se pone la cubeta para pesar la uva.

Antiguamente había lagares en el interior mismo de las bodegas, actualmente no existe ninguno.

Después el vino fermenta en sus envases -que necesitan ser lavados antes de la vendimia- y se han de rellenar. El vino necesita también dos trasiegos: uno terminada la fermentación y otro pasados los fríos invernales.

 

EL VINO: Hablando o recordando años anteriores todas las casas o familias cogían vino para el gasto del año.

El vino no es de muchos grados, pero sí, agradable al paladar sobre los 11º grados, para su elaboración había lagares o locales, a los cuales se llevaba la uva

Del orujo al final se saca aguardiente o anís, que también es repartido a razón de los kgs. de uva que se entregan en el lagar.

Aquí también se puede decir que la elaboración del vino en ésta forma, va desapareciendo, y en la actualidad, la mayoría vende la uva y con el dinero obtenido compra vino, aunque hay algunos, los menos, que siguen el método antiguo, y hay menos viñas en la actualidad.

 


 

La vendimia:

 

En la vendimia colaboraba toda la familia, incluso las personas mayores y los niños. Cada cual cortaba los racimos con la herramienta de que disponía o era capaz de manejar, así, lo mismo se utilizaban garillos (especie de navajas con la punta curva) cuchillos, navajas o tijeras.

Los racimos de uva se iban depositando en canastos, primero de mimbre y después de plástico.

Cuando éstos estaban llenos a rebosar, eran los hombres quienes los transportaban hasta los grandes cestos de mimbre que servían para llevar la uva hasta el lagar.

El transporte hasta los lagares se hacía generalmente en carros, pero aquellas familias que no disponían de éste, lo llevaban en caballerías, colocando un cesto a cada lado del animal y uniendo ambos con unas sogas para que no cayeran por el camino.

Después de echar la uva en la pila del lagar, ésta era pisada por unos cuantos hombres y después prensada varias veces hasta que no quedaba más que lo que se denominaba "rampojos", que era vendido a cambio de parte del aguardiente que se extraía de ellos.

El mosto iba cayendo desde la pila de prensa a otra más pequeña, de donde se cogía para llenar las pellejas u odres con las que se transportaba hasta las cubas o los cubetes que había -y todavía hoy hay- en las bodegas.  

 

 


 

 

Los cultivos de los huertos:

 

Los huertos son unas pequeñas parcelas de tierra, generalmente tapiadas, donde se cultivan algunas legumbres y hortalizas. Tienen un pozo para su riego y las tapias son de adobe. En el campo también había algunos huertos con pozo.

 

Hasta los años sesenta, cada familia cultivaba uno o más huertos. Después, la mayoría quedaron abandonados. Y en la actualidad, los jubilados están volviendo a cultivar los huertos.

Se suelen plantar lechugas, cebollas, puerros, zanahorias, pepinos, tomates, pimientos, rosales, parras, árboles frutales, lechugas, patatas, etc.

 

AJOS: Los ajos se siembran en noviembre. Se "esgrana" la cabeza y se siembra un "diente" en cada golpe, dejando aproximadamente diez centímetros de distancia entre uno y otro. Se arrancan a últimos de junio; se trenzan y se cuelgan para que no se humedezcan mientras se van gastando. Para su crecimiento era costumbre echar "cernada", como abono.

 

LECHUGAS: Primero se hace el semillero. Después se trasplantan en surcos y se riegan. De que crecen, se atan por la parte de arriba para que echen "cogollo", y después se van arrancando según se necesitan para comer.

 

CEBOLLAS: Se cogen del semillero uno a uno y se trasplantan a un trozo de tierra ya preparado y se riegan con un cubo de agua del pozo del huerto. Cuando ya han crecido un poco, se les echa abono. Las cebollas se arrancan en septiembre. También pueden trasplantarse para cebolletas. En este caso se entierran, echan tallo durante el invierno, y se arrancan en primavera.

 

PUERROS: Se trasplantan del semillero en surco. Después se riegan hasta que agarran y, de que ya son altos, se les cava y se les echa bastante tierra para que blanqueen. Se arrancan según se van necesitando para la comida.

 

ZANAHORIAS: Una vez hecho el semillero, se entresacan si están muy juntas, pues si no no se hacen gordas. Después se arrancan y se comen crudas o guisadas. También se deja alguna para hacer semilla. La semilla se coge en septiembre.

 

TOMATES: Se cogen del semillero y se plantan en mayo o junio. Se pueden sembrar en hoyos o en surco. Después necesitan riego y, cuando han crecido, se cavan. Cuando van echando flor, se les ponen unos palos para sostener las ramas y que éstas no caigan al suelo con el peso de los tomates. Los tomates, cuando colorean, se pueden comer crudos, y también se pueden embotellar y hacer conserva.

 

PIMIENTOS : Los pimientos se cogen del semillero y se plantan en surco. Después se riegan y, de que son altos, se cavan. Se dan pimientos verdes y rojos. Los verdes se pueden escabechar -como las guindillas- y los rojos se suelen consumir asados o guisados, y también en ensalada.

 

JUDÍAS: Se siembran en mayo, en golpes. Se echan tres o cuatro judías en cada hoyo y después se cubre con un poco de basura. De que nacen, se cavan y, cuando las matas ya son altas, se pone un palo en cada golpe para que se enrollen los tallos al ir echando flor. Después sale la "vaina" y, una vez seca ésta (en septiembre) se recogen, y se guardan secas para irlas consumiendo guisadas. También se comen verdes, arregladas con pimentón, aceite y vinagre.

 

PATATAS: Se siembra una patata pequeña o la mitad de una más grande que tenga tallo. Se siembran en golpes. Se cavan una vez nacidas y se arrancan cuando las ramas están secas.

 

FRUTALES: Los frutales se suelen comprar en algún vivero. Se hace un hoyo en la tierra y se plantan. Después echan flor y fruta a su debido tiempo. La fruta se recoge en octubre y después se podan los árboles para que sus ramas crezcan con más fuerza al año siguiente.

 

 


 

 

El carro:

 

El carro está formado por una caja con cuatro "garroteras" a cada lado que van sujetas a las varas que hay a cada uno de los dos lados.

La caja tiene 4 "laterales" uno a cada lado; el de adelante y el de atrás eran móviles y distintos a los de los lados.

En la parte trasera llevaba una tabla que era la que unía la caja del carro, a la derecha una máquina de hierro con polea utilidad era esencial ya que frenaba el carro; dos palos alargados en la parte trasera y dos en la delantera llamados "tentemozos" y su función era mantener el carro en equilibrio cuando estaba parado.

El suelo o base del carro era movible, se podía quitar y unido en cada una de las esquinas por unas cadenas y un tablero se podía hacer bolsa que permitía una mayor capacidad al carro para el acarreo de la mies.

Las varas eran las que sujetaban la caja del carro. Por la parte delantera eran más estrechas y redondas, iban forradas de chapa y unas rodajas para enganchar los aperos del ganado.

Las ruedas iban unidas al eje que las sujetaba, estaban formadas por un aro de hierro, un cubo de hierro y madera donde iba metido el eje, desde el cubo al aro llevaban unos palos llamados radios.

El carro era tirado por uno o dos "machos" ó "vacas",.

El carretero mandaba a los machos con una "tralla", era una vara unida a una correa.

 

 


 

 

Arreos de las caballerías :

 

Hemos intentado recopilar aquí los nombres de los arreos de las caballerías que se utilizaban en la labranza, así como las piezas de que se  componían algunos de éstos, algunos de ellos están descritos en el diccionario de esta Web, otros sacados de algún libro, no hemos conseguido todavía que algún abuelo del pueblo nos confirme si realmente se llamaban así en Bercianos.

 

BARRIGUERA: Correa que pasaba por debajo de la barriga de la caballería y llegaba hasta las varas del carro.

 

BOZAL: Especie de semiesfera de alambre entretejida que se colocaba en el morro de la caballería para impedir que ésta comiera mies o hierba a destiempo.

 

BRIDÓN: Cabezada que llevaba una especie de "antiojeras" para que no pudieran mirar los animales ni para atrás ni para los lados.

 

CABEZADA: Correaje que ceñía la cabeza de una caballería.

 

RASTRILLO: Correa de la cabezada que se colocaba por debajo de la boca de la caballería. En algunos casos llevaba una serreta de hierro, con dientes, que hacía obedecer al animal con más prontitud.

 

CABRESTO: Ramal que se ataba a la cabeza de la caballería para dirigirla o sujetarla.

 

APELAZO o MADRINA: Cuerda que unía a dos caballerías cuando éstas iban uncidas.

 

TRABILLERAS: Correas que se colocaban por debajo de la garganta del animal.

 

FRONTAL: Correa que sujetaba la frente de la caballería.

 

CAMPANILLAS: Sarta de varias campanillas que se colocaba alrededor del cuello de los machos. Iba unida al bridón y, al producir un ruido sonoro y armonioso, estimulaba a las bestias y hacía que andasen más deprisa.

 

CINCHA: Arreo de lona que pasaba por debajo de la barriga del animal y sujetaba la manta y la silla.

 

COLLERA: Especie de collar de cuero o lona relleno de paja que se colocaba en el cuello de las caballerías.

 

PICURUCHO: Parte superior de la collera que acababa en pico.

 

COLLERÓN: Collera de mejor calidad y con más adornos, que no llevaba "picurucho", y que se sujetaba al cuello del animal mediante dos correas en su parte superior.

 

FRANCALETES: Correa que iba desde el collerón hasta una especie de anillas clavadas a las varas del carro.

 

COSTILLAS: Madera que iba de arriba a abajo por la parte delantera del collerón.

 

COMEDERO: Especie de talega corta, de lona, en la que se llevaba el pienso de los animales y que, a la hora de comer, se les colgaba al cuello haciendo la función de pesebre.

 

CUBIERTA:  Manta de lana de oveja, a cuadros y tejida en un batán, que se colocaba sobre el lomo de las caballerías para evitar el roce de los arreos, el frío, o para recoger el sudor.

 

RAMALILLOS: Riendas, cabestro.

 

RETRANCA: Correa ancha, a modo de ataharre, que llevaban las bestias de tiro enganchada a la silla. Cubría la parte trasera del animal, de donde salían dos cadenas -una por cada lado- que se enganchaban a las varas del carro.

 

SILLA: Arreo que se colocaba sobre el lomo del macho y donde se acoplaban otros atalajes.

 

SUFRA: Correa que pasaba por encima de la silla y llegaba hasta las varas del carro.

 

TARRIONES: Sogas o correas que iban de una costilla del ubio a la otra, pasando por debajo de la parte delantera del animal para evitar que se "regañara" el carro.

 

TIRANTES: Correaje que se utilizaba para enganchar un macho delante de otro.