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y se sortean cada año al llegar el verano: sólo algunas, muy pocas, son de propiedad particular.
Idénticas manifestaciones se observan en la forma de apacentar los animales, sobre todo el ganado mayor. Se alquila un pastor para la guarda del ganado caballar y mular y otro para el vacuno no utilizado en las labores del campo, quienes cuidan los animales reunidos en una sola cabaña. A los pastores se les suele pagar en especie.
Las vacas de labranza se reúnen, durante el verano, en los días de fiesta y en los que no se precisan para el trabajo, formando varias "vacadas", una en cada barrio, que cuidan dos vecinos por orden riguroso de turno.
Con el fin de que los ganados que recorren libremente los pastos y barbechos no dañen a los sembrados, el pueblo alquila un guarda, que vigila tanto éstos como las viñas y multa las transgresiones de las normas municipales con las penas pecuniarias establecidas.
Hay un caso interesante de solidaridad ante la desgracia ajena: cuando una res enferma o se accidenta gravemente y es preciso matarla, siempre que su carne se pueda aprovechar, los vecinos a quienes corresponda el turno están obligados a recoger y pagar al dueño el lote de carne que les haya correspondido.
Los arreglos de caminos y puentes, de edificios públicos, el aderezo y limpieza de fuentes o de cabras, son trabajos en los que colaboran todos los vecinos. El alcalde llama a "hacedera" con un toque particular de campanas y cada familia envía un representante que aporta su trabajo personal y las herramientas.
Este mismo sistema se emplea para cortar y recoger la leña del monte. Las autoridades señalan el sector que corresponde podar ese año, y hombres y mujeres, generalmente jóvenes, acuden en cuadrillas bullangueras a realizar el trabajo; ellos cortan la leña y ellas la recogen en grandes montones que luego se sortean entre los veci nos que han colaborado.
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